Nadie rescata a Lisbeth Salander
Lorena Sánchez*

Antes de Lisbeth Salander quién iba a creer que una mujer flaca, con un cuerpo que podría parecerse al de un niño de 14 años, apaleara con un palo de golf a un asesino en serie hasta hacerlo huir despavorido. Y, de paso, que salvara así al héroe, un hombretón nórdico, colgado de una soga en el sótano de los horrores, donde han despedazado, torturado y violado a decenas de mujeres.

“Se movía como una araña, rápida como un rayo, y parecía totalmente centrada en su presa cuando volvió a levantar el palo de golf y le dio a Martin Vanger en las costillas…”, escribe Stieg Larsson.

En Los hombres que no amaban a las mujeres (Destino, 2008), primera novela de la trilogía Millennium, Lisbeth y el periodista Mikael Blomkvist se enfrentan a una historia de violencia contra las mujeres que atraviesa dos generaciones. La investigación de la desaparición de Harriet Vanger conduce hasta una serie de asesinatos cuyos rastros aparecen vinculados a nombres, fechas y versículos del Levítico anotados en una libreta. Las víctimas fueron asesinadas con una violencia que sus agresores pretendieron justificar mediante una interpretación fanática de la Biblia.

La novela convierte los crímenes en una radiografía de una violencia estructural que, mucho antes de llegar al cadáver, ya ha comenzado en el desprecio, el abuso y la impunidad. Salander conoce esa violencia.

Su historia personal está marcada por abusos institucionales y sexuales. En uno de sus episodios más brutales, su tutor legal, el abogado Nils Bjurman, utiliza su posición de poder para someterla y agredirla sexualmente. Pero Salander no acepta el papel que el sistema parece haberle reservado: el de víctima que espera justicia.

Se venga.

Pocos días después, Lisbeth utiliza una llave para entrar en el piso de Bjurman mientras él duerme. Lo inmoviliza con un dispositivo eléctrico y lo esposa a la cama. Después, utilizando una máquina de tatuar, le graba en el pecho y el abdomen una frase en mayúsculas: 
“SOY UN CERDO SÁDICO, UN PERVERTIDO Y UN VIOLADOR”.

Desde niña ha sido considerada conflictiva, una freak, una chiflada. En el colegio la expulsaron después de golpear a un compañero que abusaba de ella. Otros aprendieron que buscar pelea con aquella chica raquítica podía tener consecuencias.

Salander no se retira.

Si la golpean, responde.

Antes de Salander, la novela negra había utilizado durante décadas a las mujeres como cadáveres hermosos, víctimas indefensas o femmes fatales. El cuerpo femenino aparecía con frecuencia como detonante de la investigación masculina. Alguien encontraba el cadáver; un detective —casi siempre un hombre— debía descubrir quién lo había matado.

Salander cambia las reglas. Sustituye al clásico detective privado masculino por una hacker con estética punk, chupa de cuero, carmín negro en ocasiones, el tatuaje de una avispa de tres centímetros en el cuello y un dragón en la espalda. Su apodo en el oscuro universo hacker es WASP, avispa. Y es buena, muy buena.

Pero Salander no destruye al detective clásico. Conserva algunos de sus viejos rituales: la comida basura, los ceniceros llenos de colillas, un lugar cutre y sucio que le sirve de madriguera y el Orfidal para silenciar las resacas.

El fenómeno Millennium, creado por Stieg Larsson, contribuyó decisivamente a la expansión internacional del Nordic Noir y demostró que una protagonista femenina, oscura, violenta, sexualmente libre, antisocial y con una ética que solo responde a sus propias pesadillas podía convertirse en un fenómeno editorial global.

Durante demasiado tiempo, la ficción criminal convirtió a las mujeres en cuerpos sobre los que otros ejercían violencia. Lisbeth Salander introduce otra posibilidad: una mujer que conoce la violencia desde dentro y decide que, esta vez, va a ser ella la que coja un bate de béisbol.

Ya no se trata de quién vendrá a rescatar a la mujer.

Se trata de qué ocurre cuando ella decide rescatarse sola.

Solo hay algo que no le perdono a Stieg Larsson —disculpadme el spoiler—, y es que, llegados al final, haga que Lisbeth Salander se enamore de Mikael Blomkvist.

¡Venga ya!


 

*Lorena Sánchez: Periodista científica, responsable de ciencia y coordinadora de eventos en The Conversation


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Ilustración: Paula Gómez Remacha

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