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JOSUÉ SÁNCHEZ: EL COLOR, LA GEOMETRÍA, Y LA SABIDURÍA ANCESTRAL DE LOS ANDES.
Texto: Diana Casas Rivera
 Fotografía: Juanjo Fernández 

A medio siglo de su trayectoria artística, el pintor peruano Josué Sánchez (Huancayo, 1945) se consolida como uno de los referentes más singulares del arte andino conteporáneo. Su obra, marcada por una profunda conexión con la cosmovisión andina y amazónica, trasciende lo estético para convertirse en un vehículo de memoria, resistencia y espiritualidad. Con una paleta vibrante, composiciones de geometría viva y un discurso simbólico enraizado en la sabiduría ancestral, Sánchez ha sabido construir un lenguaje visual propio que dialoga tanto con lo popular como con lo sagrado y en el que el color es protagonista. Nos encontramos con Josué en la galería madrileña Espacio Enhorabuena, en la que expuso recientemente su muestra individual El aliento del tiempo.

En principio, la obra contenida en El aliento del tiempo quiere ser una reflexión sobre la vida y el momento histórico que viven el Perú y el mundo, a la luz de los conocimientos y de la tradición oral andinos. Estamos viviendo un tiempo inhóspito, de una violencia inusitada, en diversos contextos y realidades; un tiempo de crisis que nos está sumiendo en la desesperanza, y esta a veces nos impide recordar que toda crisis lleva en sí misma la semilla del cambio, y que en nuestras culturas originarias, en su pensamiento holístico y colectivista, tenemos las herramientas necesarias para reconstruir este mundo que hoy parece caerse a pedazos.

 Desde la perspectiva andina, no podemos olvidar que la vida es una realidad dialéctica y que los contrastes entre caos y armonía, sombra y luz forman parte de ella. No podemos perder la esperanza.

 En este sentido, la tradición mítica andina representa un importante punto de apoyo. ¨El mito mueve al hombre en la historia¨, decía José Carlos Mariátegui. No es simple fantasía, dicen los psiquiatras, tiene una función social integradora en un mundo lleno de conflictos y contradicciones.

Los mitos andinos responden a ese criterio, llegan desde tiempos pasados como un aliento del tiempo para mostrarnos un universo en conflicto continuo, sí, pero también vivo y en continua renovación y progreso.

Josué Sánchez reúne en su obra parte de esta tradición andina, que enriquece con la experiencia reciente de la población que tuvo que huir de sus hogares –y llegar a ciudades inhóspitas en un paisaje tan distinto al suyo como el del desierto de la costa– debido a los tiempos de guerra, violencia y terror que se vivieron en la reciente historia peruana. 

Lo hace con un color vibrante que no tuvo una fácil aceptación en los circuitos artísticos de su tiempo. “Cuando empecé a exponer en las muestras colectivas no sabían dónde ponerme; mi estilo, con colores planos, estaba muy alejado de las tendencias más academicistas. Siempre terminaban encontrando una pared solitaria y apartada para mí y así mi obra llamaba aún más la atención”. En una ocasión coincidió con el ecuatoriano Oswaldo Guayasamín, “nos colocaron solos en una pared. Imagínate para mí que honor”. 

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