EFFIO vs CORNEJO
Dos autores peruanos se estrenan en el género: Manuel Cornejo con El río infinito y Augusto Effio con Nuestros venenos. Dos primeras novelas con estilos muy diferentes, pero ambas inscritas en el género negro; la primera una investigación en la que la naturaleza y creencias amazónicas envuelven la aparición de una serie de cuerpos decapitados; la segunda una invención –o no tanto– en torno al suicidio de Alán García. Ambos han quedado en Barranco (Lima), para hablar del noir y contestar a qué lo hace tan especial, porqué ha ganado tanta popularidad y como es su relación con el mismo; cómo han llegado hasta él y de que manera se enfrentan a su escritura.

Manuel Cornejo: La novela negra permite diferentes niveles de lectura.
Y esto es un reto para el que escribe, que tiene que jugar, dialogar con el lector y juntos ir construyendo la trama. Una trama polisémica, llena de crítica social, llena de aquello que no se puede decir en otras novelas. Ahora, la novela negra en sí, tiene el auge que tiene a nivel internacional, muy fuerte, pero siempre ha estado ahí por eso grandes escritores como Vargas Llosa, Pamuk han incursionado en el género. Hasta
el mismo Borges.
Augusto Effio: A mí me gusta mucho la frase de Andrew Martín, que dice que el género negro es la máscara que le permite trabajar con metales pesados. Y efectivamente, a mí la novela negra, lo que me permite es trabajar con la realidad del fango en el que vivimos todos los días. El género negro me permite hablar de ese fango.
Manuel Cornejo:
Las primeras novelas las encontré en la biblioteca de mi padre. Después salió Chandler, ya a partir de los 15 o 16 años empecé a leer a Hammet, que me gustó mucho también, me atrapó leía de todo. Leí a Agatha Christie también, a Conan Doyle, claro. Después me aficioné a los autores nórdicos, suecos, finlandeses... Pero a los que releo contantemente es a Philip Kerr, que me ayuda en la novela histórica que es lo mío, la historia; a Benjamin Black,
a Fred Vargas, que también es impresionante y después Andrea Camilleri, con el inspector Montalbano.
De la novela latinoamericana, de los argentinos me gusta mucho Guillermo Martínez y Pablo de Santis. Y un mexicano que escribió solo una obra, una novela de culto que se llama El complot Mongol, que es Rafael Bernal, de 1969. De acá de Perú rescato solo Pólvora para gallinazos de Mirko Lauer, unabuena novela de los ochenta.
Augusto Effio: Yo llegué primero por el cine, por el cine negro clásico. No me canso de ver las joyas que tienen, por ejemplo, Billy Wilder,
Sunset Boulevard, Double Indemnity, o La dama de Shangai de Orson Welles. Luego descubrí que detrás de esas grandes películas hay grandes autores de novela negra firmando los guiones. Chandler o Thompson, por ejemplo.
Y ahí empiezo ya a jalar esa madeja. Pronto descubro que cada país tiene una tradición: la novela polar en Francia, la novela giallo de Italia, y trato de documentarme y leer todas las tradiciones. Después está la escuela latinoamericana.
Yo creo que hoy la novela negra argentina debe ser una de las mejores del mundo. La cantidad y la calidad de títulos de novela negra que se producen en Argentina: Convertini, Ferrari, Ferraro, Piñeiro, Almeyda, Oyola, es apabullante. Tengo que decir que me siento más identificado con la tradición latinoamericana de novela negra, porque me habla de una realidad que comparto con ellos, más que los autores gringos, europeos, muy buenos sí, pero con problemas que no son nuestros. Hay, por ejemplo, un autor mexicano que se ha revalorizado en los últimos tiempos que es Jorge Ibarengoitia. Tiene un comienzo en la novela Dos crímenes que puede resumir este aporte de la realidad latinoamericana en el género. Comienza más o menos así, “esta historia se inicia cuando una noche en la que la policía mexicana decidió violar la Constitución”.
Cualquier latinoamericano que lee ese comienzo sabe que esa es una ironía. Un lector europeo o norteamericano no lo va a entender de la misma manera. El policial, el género negro en el mundo procura de alguna manera restablecer el orden. Por esa razón el género negro le queda como un guante.
Manuel Cornejo: sí, yo comparto lo que dice Augusto y también algo que afirma Piglia que dice que la novela negra latinoamericana, lo que tiene de singular es la crítica social. Es decir, que la novela negra puede servir de pretexto para criticar aspectos de la sociedad que las otras novelas no llegan, porque vemos el auge de otros géneros dentro de la novela, la autoficción, por ejemplo, o el intimismo. Yo creo que en Latinoamérica existe eso, ¿no? La corrupción de los políticos. las víctimas que no son tan víctimas, los héroes que no son tan héroes.
Entonces se complejiza todo. Me parece que es lo singular de la de la novela negra.
Augusto Effio: He publicado mi primera novela del género hace dos años y he descubierto que las novelas se construyen por acumulación. Uno va juntando chatarra y se sienta a escribir cuando ya no puedes soportar el peso Voy tomando muchas notas, sobre todo me interesa la sabiduría del habla popular. Ahora, no consiste en ser mimético, no se trata de pararse a una esquina y trasladar lo que escuchas al papel, hay que convertirlo en literatura Estoy muy atento a los refranes, a los dichos, al cinismo de nuestros políticos. Por ejemplo,
esa frases que dicen todo lo contrario de lo que quieren decir, que cada vez que se descubre un chanchullo dicen “se ha iniciado un proceso de investigación”. Trato de estar siempre con el radar encendido para que cada uno de mis personajes tenga su propia voz. Cuando siento que ya tengo suficiente arsenal de términos, de frases, de latigazos que atribuir a los personajes, ahí me siento a escribir, porque la historia, más o menos, ya la tengo preconcebida. Pero es muy importante que pueda tener dos o tres cuadernos con todas esas frases y las palabras que luego voy a atribuir a los personajes.
Manuel Cornejo: Mi manera de escribir es también de acumulación, como dice Augusto.
Yo diría más, de observación, Para escribir debo aprender, escuchar, no solamente el habla, sino también los modos de ver el mundo, que son tan diferentes a los nuestros, las creencias, las leyendas, las penas, el paisaje... Cuando se ha escrito sobre la Amazonía, siempre se ha caído en el exotismo. Entonces, uno de mis retos al escribir El río infinito fue evitarlo,
y hacerlo verosímil a la vez. Porque ahí hay historias que pueden parecer realismo mágico, pero para ellos, los amazónicos, son parte de su mundo. Me apoyo de diferentes pilares, la parte indígena, la parte letrada, la parte policial, y entre ellos creo un tejido, de tal manera que parezca natural, en ningún momento exótico, Eso es lo que he tratado de hacer en mi novela.
Augusto Effio: He publicado mi primera novela del género hace dos años y he descubierto que las novelas se construyen por acumulación. Uno va juntando chatarra y se sienta a escribir cuando ya no puedes soportar el peso Voy tomando muchas notas, sobre todo me interesa la sabiduría del habla popular. Ahora, no consiste en ser mimético, no se trata de pararse a una esquina y trasladar lo que escuchas al papel, hay que convertirlo en literatura Estoy muy atento a los refranes, a los dichos, al cinismo de nuestros políticos. Por ejemplo,
esa frases que dicen todo lo contrario de lo que quieren decir, que cada vez que se descubre un chanchullo dicen “se ha iniciado un proceso de investigación”. Trato de estar siempre con el radar encendido para que cada uno de mis personajes tenga su propia voz. Cuando siento que ya tengo suficiente arsenal de términos, de frases, de latigazos que atribuir a los personajes, ahí me siento a escribir, porque la historia, más o menos, ya la tengo preconcebida. Pero es muy importante que pueda tener dos o tres cuadernos con todas esas frases y las palabras que luego voy a atribuir a los personajes.
Manuel Cornejo: Mi manera de escribir es también de acumulación, como dice Augusto.
Yo diría más, de observación, Para escribir debo aprender, escuchar, no solamente el habla, sino también los modos de ver el mundo, que son tan diferentes a los nuestros, las creencias, las leyendas, las penas, el paisaje... Cuando se ha escrito sobre la Amazonía, siempre se ha caído en el exotismo. Entonces, uno de mis retos al escribir El río infinito fue evitarlo,
y hacerlo verosímil a la vez. Porque ahí hay historias que pueden parecer realismo mágico, pero para ellos, los amazónicos, son parte de su mundo. Me apoyo de diferentes pilares, la parte indígena, la parte letrada, la parte policial, y entre ellos creo un tejido, de tal manera que parezca natural, en ningún momento exótico, Eso es lo que he tratado de hacer en mi novela.
