Cuerpo, lienzo y pincel. Juanjo Fernández

TANTOS CUERPOS 
Juanjo Fernández

El diccionario de la lengua española, el de la RAE, tiene 23 entradas para la palabra cuerpo. Luego la combina con otros sustantivos y adjetivos y suma 33 nuevos conceptos; ¿serán conceptos? Cambia de color –la web permite estas cosas– y trae 35 expresiones que usan “cuerpo”.  Si sumo los 25 sinónimos podría llenar esta página tan solo jugando con la corporeidad descrita en solo un diccionario, ganas no faltan.

El negro de luto, de fondo de bandera pirata, de petróleo, de vacío. En frente el blanco. Blanco de paz, de la serenidad, de paisaje nevado.

 

El “dónde”, una revista, de papel, además, me invita a empezar por el cuerpo tipográfico: tamaño de los caracteres de imprenta. El grandor de la letra, que dice el diccionario en su décima acepción, grandor o tamaño, y no me queda a mí muy claro que cuerpo signifique eso, pero si lo dice la RAE no seré yo quien discuta. La pregunta, de obvia, es entre tonta y ofensiva: ¿el grandor importa? Desde luego que sí, que se lo digan a un editor en hora de cierre y víspera de jornada electoral; o al maquetador de los prospectos de las medicinas, y que no falte ni una advertencia, pero que no destaquen mucho que si se sabe todo lo que pasa cuando se toma el brebaje igual dejamos de vender.

Por alguna razón me viene a la mente de inmediato “cuerpo de baile”. Conjunto de personas que desempeñan la misma profesión, dice el de la RAE y pone como ejemplo el diplomático o el de funcionarios. Será muy “Real” la docta institución, pero pelín aburrida ya es. Yo insisto en el cuerpo de baile y su infinita gama de matices y colores. Desde el Bolshoi –que empezando como una escuela de danza en un orfanato moscovita supo sobrevivir a la revolución y convertirse en prueba de la superioridad cultural soviética– al de las Mammachicho con el que Valerio Lazarov supo llegar al alma de todos los españoles y no sé si con ello definir una época, peor, una época de la que somos herederos.

 

Sin salirnos de la misma línea del diccionario y de la lógica llegaría el cuerpo de bomberos, una variante de calendario solidario que no difería mucho del movimiento creado por Lazarov. Después llegarían al feliz mundo de los calendarios navideños los cuerpos policiales, los sanitarios, los deportistas y demás, pero no, ¡como el cuerpo de bomberos ninguno! Y cuidado, no confundir con los cuerpos militares, que con sus respectivos oficiales tienen su propia entrada, la última, eso sí.

 

Para el resto de mortales hay otra entradita en el diccionario: conjunto de personas que forman un pueblo, una república, una comunidad o una asociación. No sé si las que componen monarquías o ciudades son también cuerpo. Qué grande es mi ignorancia.

 

La entrada anterior, la trece para más exactitud, ya sí que nos engloba por completo, no ahora, mientras escribo o lees, en un futuro que deseo que sea lo más alejado posible, cadáver, así dice la RAE, cadáver, sin artículo, sin verbo, sin mayor explicación.

 

Y la posterior a la que comentaba, la de pueblo, ya saben, la quince, también es contundente, una única palabra con una segunda entre paréntesis que se supone la explica. “Corporación (II organización)”. Hay una novela distópica peruana, Mañana las ratas, de José Adolph, que hace ese salto sin red que permite la ficción al presentar un mundo en el que en vez de países hay corporaciones. Y no se puede decir que estemos muy lejos, da miedito escuchar las noticias, normal que prefiramos mammachichos o bomberos. 

Me he quedado solo con los significados, las combinaciones dan para un libro: cuerpo amarillo; cuerpo calloso; cuerpo compuesto; cuerpo de delegados; cuerpo de delito, que se explica como “cuerpo del delito” –la RAE tiene estas cosas–; cuerpo de caballo, cuerpo de hombre; cuerpo serrano... Y luego el diccionario aún le pone preposición a la palabrita: a cuerpo; a cuerpo de rey; a cuerpo descubierto...

 

Muchos cuerpos, y muchos de ellos compuestos por palabras: volumen, conjunto de cosas que se dicen en la cosa escrita o el libro, colección de leyes civiles o canónicas. Me quedo con los libros, sin más, que los cuerpos jurídicos cuando tienen que ser llevados al papel es porque algo pasa y alguien piensa que tiene que ser regulado, y no suele ser bueno.

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