SALIMOS DE PUERTO
QUE LOS VIENTOS NOS LLEVEN Y SI ENCONTRAMOS SIRENAS, QUE ALGUIEN NOS ATE AL MÁSTIL
Juanjo Fernández
Las botellas que atraviesan océanos –llevando mensajes de saludo, amor, esperanzas o desesperanzas, coordenadas o peticiones de olvido– exigen que estén escritos en papel –o pergamino, o papiro, o llachana–; también Mar Salado aparece en papel. Ya habrá tiempo de llevarla a pantallas más grandes o más chicas, ponerle códigos o pedir amigos y seguidores.
Este primer número es la oportunidad de explicarnos, decir quienes somos y cómo nos conocimos, hacia dónde vamos y por qué, aunque estas sean preguntas que alberguen más deseos e intuiciones que certezas. En realidad desconfiamos de las certezas, y de las expectativas, así que esperemos que los vientos nos sean favorables; las compañías ya sabemos que lo son.
El plural que empleo no deja de ser figurativo. un recurso estilístico; aunque en realidad no faltan multitud de voces en mi interior contradiciéndose continuamente, lo que hace que a los acuerdos finales, lo que finalmente llega a imprimirse, no les falten mérito, creo yo. Sé que no podrá ser siempre así, por eso ya estoy armando la tripulación.
Un tripulación de amigos que me acompañan (los que hacen posible que este ejemplar exista) y que sí, son verdaderos y valiosos, muy valiosos. Sus firmas son visibles en cada artículo, fotografía o ilustración; Mar Salado nace con vocación de alojar en sus camarotes a viejos y nuevos amigos, y llenar sus bodegas con sus obras, consejos y ayudas.
El compromiso inicial es sacar cuatro números al año, que hablemos de todo un poco desde eso que se hace llamar cultura, y de libros, y os invitemos a que la lista la hagáis vosotros, los lectores, y nos digáis, además, qué os han gustado de las sugerencias que nos mandéis.
Y ahora, empecemos, solo hay que pasar la página.

