
PECHOS FUERA
Todo el mundo sabe que los robots no van al cielo.
Lorena Sánchez*
El cuerpo de Afrodita A terminó como un montón de chatarra. Cayó en combate, defendiendo a Mazinger Z contra una bestia mecánica del Doctor Infierno. El manga no tiene piedad, los robots pueden despedazar enemigos sin miramientos. Afrodita A acaba como un amasijo de miembros desanclados y esparcidos, que muestran un interior de muelles y cableado esperable en la era pre wireless. Los pechos los había perdido antes. Sus pechos cohete.
Afrodita A era un robot creado para proteger a Mazinger Z en su lucha contra el mal invasor. Tantas veces se empeña el mal en conquistar el mundo que me pregunto si no lo habrá conquistado ya hace mucho y seguimos fingiendo. Mazinger Z fue una de las primeras series de anime que llegaron a España. Era el año 1978, todavía en plena Transición democrática, cuando Televisión Española emitió aquellos episodios. Mazinger Z, jamás vencido, era el protagonista. Afrodita participaba, pero con ese papel tan defendido como incómodo de cuidadora del héroe.
Tenían algo inquietante los pechos cohete de Afrodita. Para las que somos herederas de aquel cambio político y social que supuso la Transición, las tetas tenían que ir siempre a cubierto. La idea de sus “misiles pectorales” se atribuye directamente a Go Nagai, creador de Mazinger Z. Yo nunca me sentí cómoda con aquellos pechos cohete, tampoco con el rol de cuidadora del héroe; siempre elegí a Mazinger Z y prefería lanzar los puños a soltar los pechos.
Afrodita A perdió los suyos para que Mazinger Z volara. Perseguido por el peor de sus enemigos, fuerza al límite su energía y cuando está a punto de reventar en la carrera de huida le pide a Afrodita que lance sus misiles. Entonces se agarra a ellos —misiles de pezones rosas— y, propulsado, vuela.
Así escapa el gigante robot coronado, volando hacia el cielo azul, mientras los rayos del maligno alcanzan a Afrodita y la convierten en chatarra.
Una anécdota del fandom cuenta que, mientras se emitía en España, muchos niños imitaban el ataque de los robots gritando “¡pechos fuera!”. Y es cierto que la frase resuena como si alguna vez la hubiera escuchado, con esa mezcla de humor, erotismo y violencia ligera que nos fue costumbre a niñas y niños de barrio.
Hay una escena final en el anime más edulcorada que en el manga. El viento huracanado que soltaba Mazinger Z por su boca de rendijas sopla los restos esparcidos de Afrodita y los recompone, en una imagen idealizada: una resurrección atea de su cuerpo rosa de cintura de avispa, coronada con una puesta de sol japonesa. Pero todo el mundo sabe que los robots no van al cielo.
*Lorena Sánchez: Periodista científica, responsable de ciencia y coordinadora de eventos en The Conversation
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