Color en la Edad Media

NI LOS VIKINGOS LLEVABAN CUERNOS, NI LA EDAD MEDIA FUE UNA EDAD OSCURA:

una mirada al color como lenguaje simbólico

espiritual y socia
ESPERANZA REDONDO

La realidad distaba mucho de ser así. ¿Cuántas veces has escuchado que la Edad Media fue, sobre todo, una época oscura? ¿Te suena haber visto alguna película ambientada en esos siglos, donde siempre parece que hubieran puesto un filtro para que todo se vea gris y sucio? Veamos.

-Los manuscritos medievales eran verdaderas joyas cromáticas. En los scriptoria monásticos y cortesanos, los copistas y miniaturistas aplicaban pigmentos con sumo cuidado, para lo cual mezclaban tierras, minerales y sustancias orgánicas. El dorado en los fondos no era pintura, sino pan de oro adherido con gesso y clara de huevo. Los colores guiaban a la hora de leer, enfatizaban jerarquías textuales y ofrecían una experiencia visual que ayudaba a la contemplación espiritual.

Heráldica y cromatismo: un lenguaje codificado

En la heráldica, el uso del color se regía —aún hoy lo hace— por unas normas muy concretas. Las tinturas incluían colores, metales y forros o patrones decorativos. No se debía colorar un color sobre otro ni un metal sobre otro, salvo excepciones simbólicas, y cada tono tenía una asociación moral: el gules —rojo— implicaba valentía; el azur —azul— hacía referencia a la lealtad; el sable —negro— simbolizaba la constancia.

Por su parte, los escudos hablaban al espectador; era una forma de lenguaje visual reconocible tanto en el campo de batalla como en los documentos oficiales.

Color y religión: una paleta espiritual

El arte religioso medieval utilizó el color como medio teológico. Como hemos dicho, la Virgen aparecía usualmente vestida de azul, debido a su asociación con el cielo y su carácter inmaculado. Jesucristo podría representarse en blanco para simbolizar la resurrección; en rojo como referencia a la pasión, o en dorado para hacer mención de la gloria. Los santos también tenían colores identificativos, según sus virtudes.La liturgia, por su parte, empleaba colores para marcar los tiempos del calendario eclesiástico: el morado en la Cuaresma, el blanco en Pascua, el rojo en Pentecostés. Todo formaba parte de una sensibilidad cromática profundamente religiosa.

El color, visto con ojos medievales

Nuestros antepasados del medievo no pensaban en los colores de forma meramente visual, sino también simbólica y cosmológica. El color era considerado una propiedad de la luz, pero además tenía connotaciones morales y espirituales. No existía una nomenclatura cromática tan rica como la actual, pero sí una percepción mucho más cualitativa.

Los textos escritos durante la Edad Media hablan de colores que «brillan», «resplandecen» o «palidecen». Ver un color podía significar tanto una experiencia espiritual como un signo de revelación. Comprender el uso del color en esta época implica un cambio en nuestra forma de mirar.

Desde las vidrieras de las catedrales góticas hasta los códices iluminados, el color durante la Edad Media no se trataba como una simple cuestión estética: era todo un lenguaje visual lleno de significado. En una sociedad profundamente simbólica y jerarquizada, el color servía como código espiritual, como marcador social y, por supuesto, como manifestación del poder económico y religioso.

Hoy sabemos que los medievales no percibían los colores como lo hacemos nosotros en el siglo XXI: su experiencia cromática giraba en torno a la luz, la religión e incluso la filosofía y la naturaleza. Vamos a explorar la riqueza y la complejidad del uso del color durante la Edad Media, desde sus significados hasta su apariencia.

El simbolismo del color: rojo, azul, púrpura… y más

Cada color poseía una carga simbólica muy profunda. El rojo se asociaba a la sangre de Cristo y de los mártires, además de evocar el sacrificio, el poder y también las pasiones terrenales. El azul, vinculado a la Virgen María desde el siglo XII, con el auge del estilo gótico, representaba pureza, devoción y trascendencia. El púrpura, extremadamente caro por su procedencia —el molusco murex—, estaba reservado solo a emperadores y altos prelados. El verde, relacionado con la vida y la fertilidad, también podía indicar lo demoniaco, según el contexto. Por último, el blanco y el negro significaban respectivamente penitencia y muerte en contraposición a pureza y luz divina.

Tintes, pigmentos y el valor del color

Los colores no siempre eran fáciles de obtener. El azul ultramarino, extraído del lapislázuli procedente de Afganistán, valía en esta época más que el oro. El rojo podía venir de la cochinilla o del kermes, y requería grandes cantidades de estos insectos. Los tintes vegetales, como el pastel o el índigo, también exigían procesos largos y costosos. Por ello, el uso del color en textiles, pinturas o manuscritos no solo era estético: también hablaba del estatus de quien lo portaba o financiaba. El tapiz de Bayeux, que representa la conquista normanda de Inglaterra y refleja una herencia visual claramente vikinga, muestra cómo el color diferenciaba los distintos bandos, las diferentes jerarquías y además las escenas clave. Vestir colores vivos, o iluminar un libro con ellos, era símbolo de riqueza y de poder.

Color en los manuscritos e iluminaciones

 

*Esperanza Redondo es correctora editorial de día y recreadora histórica altomedieval en su tiempo libre.

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