
PARA LIBROS, COLORES
En ocasiones, los colores ofrecen pistas sobre lo que contiene en su interior un libro.
Francisco J. Castañón*
Resulta difícil imaginar un mundo sin color y libros donde los colores no tengan reservado un lugar prominente. Los colores han acompañado al ser humano desde épocas remotas. Puede apreciarse en las asombrosas pinturas rupestres coloreadas con pigmentos ancestrales. También en la rehabilitación o recreación de construcciones y obras de arte de antiquísimas civilizaciones o del medievo que han llegado hasta nosotros con el color de la piedra desvestida, aunque en su día estuvieron bellamente policromadas, como los pórticos de las iglesias románicas. De igual forma, el color empleado por el artista también ha sido desde siempre un elemento esencial para quienes se han enfrentado al vértigo del papel en blanco o a la pantalla vacía en la actualidad. Los colores han colmado de sensibilidad y simbolismo innumerables poemas, inyectado emotividad y avivado la imaginación en narraciones, epístolas o ensayos…, o han servido para describir lugares, ambientes y estados de ánimo, expresar sensaciones e ideas, y caracterizar tal o cual personaje.
La simple mención a un color –o a varios– en el título de una obra, puede anticipar lo que probablemente hallaremos al adentrarnos en sus páginas, como sucede en Todos los colores de la oscuridad, de Chris Whitaker (Salamandra, 2025) —novela alabada con profusión por la crítica— donde se entrelazan el misterio, la intriga y una conmovedora historia de amor, para configurar un relato repleto de fuerza expresiva en el que la lealtad y la perseverancia ante la adversidad emergen como sólidos fundamentos de la naturaleza humana.
Asimismo, el color del mar está presente en Un inmenso azul, de Patrik Svensson (Libros del Asteroide, 2024), libro que nos propone circunnavegar por la crónica de la exploración marítima, descubriendo territorios ignotos y personajes (hombres y mujeres) que a lo largo del tiempo exploraron mares y océanos, desvelando los secretos que atesoran sus costas y las profundidades abisales. Un relato de aventuras, memorias e investigación científica, sin olvidar la denuncia sobre el maltrato que, por intereses espurios de diversa índole, viene padeciendo desde hace décadas el “inmenso azul”. Azul…, de Rubén Dario (Edaf, 2006), fue también el color elegido por el célebre poeta para titular esta obra indispensable de la literatura modernista, un libro emblemático que contiene magníficos cuentos y poemas del autor nicaragüense.
No podemos olvidar una obra maestra bicolor: Rojo y Negro, de Stendhal (Akal, 2018), en cuyas páginas el autor galo realizó una admirable radiografía de la Francia convulsa del primer cuarto del s. XIX, para novelar la resistencia de la nobleza reaccionaria y el intolerante clero (reconocible por el negro de sus sotanas) frente a la Ilustración, el fervor revolucionario, el poder del ejército dirigido por Napoleón (en cuyos uniformes el rojo era signo de distinción) y las aspiraciones de las clases populares. Otro clásico “infantil y para adultos” son Los zapatos rojos, de Hans Christian Andersen (Impedimenta, 2011), un relato fascinante con intención didáctica sobre los perjuicios de la vanidad y la posterior búsqueda de arrepentimiento.
Por último, señalar un libro para afrontar el futuro publicado recientemente, Educar en verde, de Heike Freire (Paidós, 2026), donde se aboga por fomentar el contacto con la naturaleza, algo esencial para nuestra salud mental, física y espiritual, apelando a la necesidad de trasmitir una “educación verde” a las nuevas generaciones.
*Francisco J. Castañón es poeta y ensayista. Tierra llana es su último poemario publicado.
