RE: ZAMURIA
Manuel Gerardi*
Volarán las negras aves
en terrible algarabía
y a la hora del coyote
volverá el carnaval

Zamuria
Asoma una fiesta en cada techo
corona en dermis desnuda
abajo corren niños con tijeras
arriba aguardan la rapiña y su sombra
sea la pulsión de todas las muertes
ganando el pulso
un festín de carne en la mesa de Caín
aquí cada hombre es lobo
cada ave de carroña lo sabe
cada vuelo es Pascua
perenne carnaval de los martirios
de los días picoipala
y procesión
gramaje de este cielo bien-poquito
en la hirviente soledad de los nombres
en la risa como flora de las tripas
en la huelga de mis dioses tan ligeros
con su encanto verdugueante
arrastrando rojamente escalofríos
rrrrrompiendo el eslabón perfecto
del absurdo
traqueteando en este mar
que ya emprendió la retirada
viniendo
como súbito deslumbre de venganza
con sus patas como flechas entre doce anillas hacia atrás
hacia la curva del mundo
como sarna en la piel de la inocencia
como cólera en tu savia envilecida
sea el revoloteo
sobre los techos
y los dedos que corren
y las olas
que retrocediendo se estrellan
contra el borde de las camas
quién iba a pensar en la cobardía de las aguas
y la muerte
qué sabrá la muerte de sus hijos
quedará para el futuro poco más que palabras
escritas en agua
un grafiti que anuncie el reino de los cielos
en la tierra
quizás para mañana
y todo lo que pueda comprarse
y lo que se pueda comer.


Otoño
Veintitrés años atrás mi madre cumplió sus treinta
podría decirse que aquel día el tiempo se detuvo
ahí junto al roble desnudo y los globos de colores
que inflamos con esmero mi prima y yo
con los cachetes morados y los dedos
llenos de goma y saliva
hoy mamá luce exactamente igual
largo cabello rubio y la balanza que le muestra un sesenta
pues no se ha inventado máquina alguna que calcule
cuántos kilos pesan las ausencias
y al verla parece más fácil que marchite una piedra
a que se agote la belleza de sus rasgos
su gesto de ámbar el lunar maquillado junto a la boca
y la voz a cargo del mundo
conmigo pasa que aún sigo dejándome el aliento
en lindos cadáveres de colores
que se quedan regados por el piso
pegados por aquí y por allá
derritiéndose en una mueca que resulta extraña
hasta para mí
vivo agitado con la cara entumecida
y la balanza que me estalla a los pies
cediendo ante el peso de unos botines talla 16 cediendo
ante el peso de haber sido hijo único cediendo ante el peso
de no haberlo sido
cediendo
mamá tiene patas de gallo
y la mirada ausente
he visto a mi prima unas tres veces en los últimos diez años
ya no tiene los dedos manchados
quisiera decirle que venga
quiero que me ayude a tirar lejos la piedra
que la veo mustia.

