¿Cuál es tu color favorito? (continuación)
Juanjo Fernández

De pequeños nos preguntábamos cuál era nuestro color favorito. Espero que se siga haciendo. Creo que el mío era el azul, siempre contestábamos colores puros, el azul, el rojo, el verde. El rosa era rosa y el morado morado, aún no había entrado el magenta en nuestro vocabulario. Luego estudiaría teoría del color. Primarios, secundarios, complementarios; mezcla substractiva, aditiva... todo lo aprendí y luego lo olvidé. Ahora me dejo hipnotizar por esos videos que mezclan unos y otros para sacar colores maravillosos mientras las noticias nos hablan de un mundo que va fundiendo en negro.

El negro de luto, de fondo de bandera pirata, de petróleo, de vacío. En frente el blanco. Blanco de paz, de la serenidad, de paisaje nevado.

Este año el blanco ha sido elegido por Pantone como color del año. pantone 11-4201 Cloud Dancer, un blanco sublime que sirve como símbolo de influencia calmante en una sociedad que redescubre el valor de la reflexión calmada". Cosas del marketing.

No sé, yo creo que sobra negro y sobra blanco, si el blanco significa como dice la marca de pintura el redescubrimiento del valor de la reflexión calmada. ¿Cómo mantener la calma en los tiempos que corren? Reflexionar sí, y mucho, pero mirando alrededor y descubriendo los mil colores que nos rodean y enriquecen. 

El discurso que impera es monocromo y reductor; crece la crítica política y la social, se expresa a gritos y proclamas, y la respuesta es el gesto airado desde cualquier extremismo o el recogimiento y búsqueda de refugio desde el estupor de no creernos los tiempos que vivimos; tiempos en el que el terror de la guerra se ha vuelto a hacer presente.

Yo quiero volver al color. A la poesía de jugar a nombrarlos en voz alta sabiendo que me equivocaré. Malva, borgoña, terracota, albero, melocotón, ciruela, crema, lavanda, ultramar, verdemar; pura poesía. Nombrarlos es despertar una explosión de sentidos, imaginarlos es transitar por caminos sinestésicos en los que las neuronas bailan y se aman.

Quiero volver también al arcoíris de los cielos y las banderas. La cópula entre agua y luz que nos fascina, nos hace elevar el dedo señalando el arco de colores, buscando donde empieza y donde acaba, que vuelve nuestra atención hacia la naturaleza, recordándonos que formamos parte de ella, no somos ni sus amos ni sus controladores.

Tampoco lo somos, aunque quisiéramos o nos digan que lo seamos, de nuestros sentimientos, de nuestra forma de amar o sentirnos atraídos. La bandera multicolor nos arropa, sea cual sea nuestra manera de relacionarnos el respeto debe estar por encima de todo. Entender que no siempre entendemos; que los cuerpos, los sentires o las identidades no siempre obedecen a la lógica del blanco o negro, del varón o mujer, del macho o hembra. Un sismo de hormonas y cromosomas que no debe verse más que como una muestra más de la riqueza que la naturaleza nos regala y tantas veces no sabemos entender.

Para entender primero hay que escuchar, hacerlo con atención y generosidad, evitando las ideas preconcebidas, reconociendo la enorme variedad de colores e ideas que la paleta humana proporciona, huyendo de fundamentalismos y extremismos.

Ningún fundamentalismo ni extremismo lo hace. El fundamentalismo desde la religión y el extremismo desde la política tratan de llenar la sociedad de dogmas, creencias cerradas, listas de tareas y obligaciones, convierte los derechos en egoísmos individualistas y clasifica en buenos a los míos, y malos a los otros.

Yo agradezco haber nacido con neuronas funambulistas incapaces de recordar datos y lecciones. Cada vez que tengo que combinar colores para un diseño busco inspiración entre las banderas o las flores. Me dejo fascinar por la cantidad de países, razas, lenguas, culturas que representan esas telas ondeantes o por la delicadeza y sabiduría de los pétalos que se combinan para garantizar la perpetuidad de su especie. 

Sé que luego olvidaré todo lo que haya leido como olvidé la teoría del color. No importa. El mundo sigue así abierto y maravilloso para mí.

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