DIALOGAR CON LA NATURALEZA
Que nos enseñen a romper con algunos de nuestros paradigmas que nos llevan al más cruel de los fracasos como sociedad global.
Manuel Cornejo Chaparro*

Estamos en una época de veloces y a veces irreparables transformaciones. Muchas de ellas son provechosas, pero otras no tanto y más bien nos alejan de nuestra esencia humana, de nuestro ser colectivo, de compartir rituales y esperanzas, de posibilitar sueños. Nuestro yo se debilita cuando no tenemos una sociedad, un grupo social, un colectivo que comparta, concilie y se consolide en el mundo real, no en el virtual.
En la Amazonía peruana, en la frontera con Ecuador, habita el pueblo Achuar. Ese pueblo, a pesar de los cambios culturales y tecnológicos (también usan celulares y redes sociales), mantienen una costumbre ancestral. Comparten sus sueños. Se despiertan en la madrugada y toman una infusión de una hierba llamada wayusa y antes de iniciar sus labores, cuentan sus sueños y los más ancianos son los que los interpretan, les dan sentido, los colorean. De esa manera, el individuo mantiene esos lazos indispensables de sociabilidad y colectividad real (no solo virtual) inherentes a la naturaleza humana.
Quizás en este siglo xxi sea necesario preguntarles a aquellos pueblos que en la vorágine civilizatoria y expansión capitalista que se inició en el siglo xix, se les denominaron salvajes, cómo lograron esa relación armoniosa con su entorno, que denominan el buen vivir, basado en el ser y en una relación ética y solidaria con su prójimo y los seres de la naturaleza. Que nos enseñen a romper con algunos de nuestros paradigmas que nos llevan al más cruel de los fracasos como sociedad global.
Quizás también como los pueblos indígenas, debemos aprender a ampliar nuestra mirada letrada y no apreciar solo la escritura en el texto impreso sino reconocer las marcas textuales, la escritura impresa en los troncos de los árboles o en nuestras pieles, o impregnada en el paisaje: escritura efímera como las huellas en la arena o escritura fija como los petroglifos de nuestros ancestros que nos recuerdan de dónde venimos.
Escrituras que marcan el tiempo, la vida, nuestras derrotas, nuestras pequeñas historias. Nuestra búsqueda de la paz, nuestro afán creativo, nuestros sueños. Eso es lo que señala Miguel Rocha Vivas en su libro Textilos: textos, ensayos e hilos experimentales.
Todavía es posible imaginar y construir otros mundos posibles. En ese camino, podemos aprender de los artistas indígenas amazónicos, creadores que desbordan la escritura y transitan entre imágenes ancestrales, lienzos cuyos trazos se transmiten en sueños y son delineados acompañados de cantos sagrados, como los ícaros. Como sostiene María Eugenia Yllia, a partir de su estética, de su agencia, podemos también imaginar mundos posibles donde el conocimiento no esté desteñido de sentimientos, de intuiciones, de sensibilidades y donde la humanidad no esté separada de la naturaleza, más bien que posibilite un diálogo entre los seres humanos y los no humanos,
Ante la magnitud de la grave crisis global, es necesario que seamos capaces de aprender unos de otros y escribir juntos las futuras historias, los libros venideros, que ojalá no sean apocalípticos, sino sean sueños donde la palabra, oral y escrita, se convierta en paz, esperanza y buen vivir.
*Manuel Cornejo Chaparro es director del Centro Amazónico de Antropología y Aplicación Práctica - caaap y escritor. Su última novela es El Río Infinito, la primera senda de Yaquichán Tapullima (Editorial Planeta, 2021)
(Este texto es un extracto, actualizado y revisado, de una ponencia presentada en el 2023 DMZ Peace Literature Festival, realizado en Seúl - Corea del Sur)
