
LIBROS BARRIO ADENTRO
El barrio es, así, uno de los ámbitos donde germina lo que podríamos llamar la poesía de la cotidianeidad que puede habitar en un poema, pero también, aunque parezca paradójico, en la prosa más realista.
Francisco J. Castañón*
Para quienes vivimos en una ciudad, el barrio es parte de nuestras señas identidad. Un particular universo urbano que en la infancia o en la edad adulta deja su huella indeleble en nuestro itinerario vital. En el devenir de los días, el barrio, con sus calles de siempre, sus comercios habituales o esos bares y cafés donde nos refugiamos para celebrar o exorcizar los vaivenes de la vida, es un espacio que nos ofrece amparo y hospitalidad. Incluso en las deshumanizadas macrourbes, cuyos límites nunca dejan de ampliarse, desde hace tiempo expuestas al asedio constante de los fondos buitre de inversión en codicia, el barrio es aún ese entorno propicio al cual señala la brújula interior que nos guía.
El barrio es, así, un ámbito inspirador donde echa raíces la poesía de la cotidianeidad que puede habitar en un poema, pero también, aunque parezca paradójico, en la prosa más realista. Una sensibilidad que fluye, como una corriente subterránea, en tantos libros espléndidos dignos de interés. Aunque conviene apuntar que tal percepción, a la hora de narrar aspectos o episodios de la vida de un barrio, no debería caer hoy en ese idealismo propio de ciertas obras costumbristas del pasado.
En esta línea, descubrimos en nuestras letras actuales tres novelas de diversos autores que cuentan, con crudeza poética y humor inteligente, historias de barrios o localidades del extrarradio. Por un lado, La última vez que fue ayer (Candaya, 2019), del madrileño Agustín Márquez, una crónica íntima de un barrio periférico castigado por la miseria, el deterioro y la violencia, en el que emerge la odisea personal de unos jóvenes desorientados que intentan sobrevivir entre personajes extraños producto de las circunstancias. Por otro, Antes del huracán (Anagrama, 2018), del catalán Kiko Amat, un relato de familia, clase obrera y amistad en el extrarradio barcelonés de los primeros años ochenta que entrevera melancolía y cierto delirio. Por último, la novela con trazas barojianas Los libros repentinos (Seix Barral, 2015), del onubense Pablo Gutiérrez, donde irrumpe la crítica al sistema, la búsqueda de la justicia social, la ternura y la sátira en el contexto de un pequeño barrio.
Poesía de la cotidianeidad, sin ambages ni artificios, que en ocasiones viene de la mano de la fotografía y la crónica histórica, como sucede en la colección de libros sobre los barrios de Madrid de la editorial Temporae que recuperan la memoria de los orígenes y el desarrollo de los distritos de la capital.
Igualmente, en otras literaturas hallamos obras donde el barrio es protagonista. Es el caso de Las maravillas de la tienda de Cheongpa-dong (Duomo, 2025), del coreano Kim Ho-Yeon, una novela sobre segundas oportunidades, colmada de optimismo y esperanza en torno a un comercio del distrito de Yongsan (Seúl). Asimismo, Los gatos de Shinjuku, del japonés Durian Sukegawa (Cántico, 2025), nos traslada al corazón del célebre barrio de la metrópoli de Tokyo, para adentrarnos en una narración llena de calidez sobre apegos, vínculos familiares, el sentido del otro y felinos reflejo de esas almas solitarias que deambulan en la inmensidad de ciudades como la capital nipona. Y, a modo de corolario, citar Vendo casa en el barrio alto (Catalonia, 2009), de la chilena Elizabeth Subercaseaux, en cuyas páginas un elitista corredor inmobiliario coloca a cada comprador en su lugar, a tenor del clasismo que prevalece todavía en la sociedad chilena.
*Francisco J. Castañón Poeta y ensayista. Tierra llana es su último poemario publicado.
