BARRIOS DE PELÍCULA
Paloma Aznar. Vampirella*

Hay barrios ruidosos y sucios, barrios elegantes y caros, barrios dormitorio, barrios malditos, barrios para el arte y para las orgías, barrios multicolores, verdes o grises, barrios modernos de Berlín, Barcelona o Tokio y señoriales barrios antiguos de Lisboa o Praga, barrios de hadas y de vampiros

Hace 27 años del estreno de Barrio, una película de Fernando León de Aranoa que cuenta la historia de tres chiquillos -Javi, Manu y Rai- de un barrio deprimido de Madrid. Sus vidas no son fáciles y, además, han de pasar las vacaciones en la ciudad. Algunas escenas las empezaban a rodar en La Elipa y las acababan en San Blas, tal es la homogeneidad en las calles, los edificios y la vida de los barrios obreros que no se nota. En la periferia de muchas ciudades la existencia y las urbes tienden a igualarse. Decía el propio director que son “barrios de aluvión, de migrantes”, zonas a las que acuden millares de personas buscando trabajo y oportunidades, donde nacen y crecen sus hijos, donde muchos mueren.

Un barrio es una subdivisión, con identidad propia, de un distrito, ciudad o población, aunque también un lugar donde sus habitantes comparten espacio, historia e incluso rivalidad con otros barrios. Hay barrios que han protagonizado películas, como el West Side -en el neoyorquino distrito de Manhattan- y el barrio londinense de Notting Hill, pero a su vez, el cine puede convertir en mito una localización, una ciudad, un barrio. Espectadores de distintos rincones del planeta peregrinan a los lugares en los que se han rodado sus películas y series preferidas. Estar frente a la casa, dentro del café o en la isla donde se desarrollan las historias que nos han hecho reír, llorar, desear, aterrorizarnos o soñar es muy excitante. Frecuentemente, personas que no han pisado Manhattan en su vida tienen la sensación, al llegar, de conocer Central Park o Times Square como si formaran parte de sus dos millones de habitantes, de haber viajado en el metro, visitado sus museos, patinado en la pista de hielo navideña del Rockefeller Center, subido a un minibus para ir al verdadero Chinatown (en Queens), asistido a la gala del Metropolitan o a un estreno de Broadway, comprado un vaso de café por 99 centavos en un Seven Eleven de la calle 42, frente al edificio del New York Times, o haberse refugiado en la Public Library de la Quinta Avenida durante una tormenta. Porque realmente han podido conocer y vivir Manhattan, a través de series o películas, más aún que la mismísima Carrie Bradshaw de Sexo en Nueva York. 

La literatura, la televisión y el cine son capaces de poner un envoltorio fantástico al escenario más anodino. Y como han hecho series o películas, por ejemplo, con Madrid, el enfoque puede hacer de la ciudad un lugar tenebroso y terrible o un fantástico paraíso.

De la Gran Vía en El día de la bestia o Abre los ojos al Carabanchel de la película El Bola, pasando por el barrio de La Guindalera en la serie Pepa y Pepe o el de los Alcántara en Cuéntame, distintos rincones de la capital han protagonizado historias más o menos memorables. 

La Plaza de San Ildefonso (en Malasaña), el Museo Reina Sofía, la estación de Atocha y el edificio Torres Blancas fueron los escenarios madrileños que Jim Jarmush eligió para Los límites del control. Y hay quien espera tropezar con Tilda Swinton mientras toma una caña en La Latina.

Más de 60 años han pasado desde que José Luis López Vázquez buscaba desesperadamente un piso en Madrid para vivir con su amada Mary Carrillo, pero las cosas no han cambiado tanto. Conseguir un ‘pisito’ en Madrid continúa siendo misión imposible. Trabajadores o estudiantes que comparten techo almuerzan en el comedor con microondas de Mercadona y la ciudad sigue tan bulliciosa como la mostraba Marco Ferreri en aquella gran película de finales de los años 50 que hoy es un clásico, El Pisito.

Puede resultar chocante que Deprisa, deprisa, de Saura, lograse un Oso de Oro en el Festival de Berlín, pero eran otros tiempos, y el “cine quinqui” llegó en el momento justo, recogiendo la herencia de cineastas como Eloy de la Iglesia para crear películas callejeras, con guiones aparentemente simples y “actores no actores” de dicción incomprensible. Vallecas o Aluche. Drogas, peleas, persecuciones, robos, marginalidad, machismo, erotismo torpe, casas feas y descampados con el Madrid ochentero de fondo.

¿Alfredo Landa pistolero, como Harry “el sucio”? En 1981, José Luis Garci le regaló uno de sus mejores personajes: el detective Germán Areta. Y convirtió Madrid en un escenario sombrío, turbio, de cine negro. El Templo de Debod o el barrio de Moratalaz fueron localizaciones para su película El crack (y tuvo segunda parte).

Aunque Madrid parece marcada por una imagen de frialdad y dureza, lo cierto es que también puede ser amable, caótica, divertida, cálida. El Barrio de la Concepción fue tan protagonista como Carmen Maura de la gran película ¿Qué he hecho yo para merecer esto?, de Pedro Almodóvar. A quienes tienen prejuicios acerca del foro les resultaría interesante y saludable pasear por El Retiro para venerar al Ángel Caído y visitar los grandes museos, contemplar los escaparates de Ortega y Gasset o Serrano, ir al Rastro y a garitos clandestinos, bailar en sus fiestas y tomar un chocolate con churros en el Barrio de la Concepción, ese lugar donde las calles tienen nombres de vírgenes y se concentran más puticlubs que en cualquier otra zona de la capital entre mercados, grandes edificios de pequeñas viviendas llamados “colmenas”, colegios y una comisaría de policía.

Un célebre agente secreto moderno, Jason Bourne -guapo, imperturbable y misterioso-, en la tercera y última entrega de sus aventuras, pasó por el centro de Madrid; igual que años antes Eusebio Poncela, miraba las ciudad tras los cristales oscuros de sus gafas. Poncela contemplaba la Plaza de los Cubos en una de las pocas escenas exteriores de una obra de culto, un mito titulado Arrebato, una obra maestra que Iván Zulueta rodó con una sola cámara y un equipo mínimo, una película rara, maravillosa y extravagante, como Madrid.

Hay barrios de película que han inspirado nuevas películas. Es el caso de West Side Story, un musical -basado en la trágica historia del amor imposible de Romeo y Julieta- que ha servido de semilla para otros, como West Bank Story, una genial sátira del conflicto palestino-israelí con la que sus dos directores (uno de Tel-Aviv y otro de Cisjordania) consiguieron un Oscar.

Hay barrios que son un mundo separado de otro mundo distinto por un puente. Las dos veces que mejor se ha utilizado “Una noche en el monte pelado”, de Musorgski, han sido en Fiebre del sábado noche -un extraordinario drama social, con una de las bandas sonoras más vendidas de la historia- y en Fantasía, de Disney. En la primera, jóvenes de segunda o tercera generación de inmigrantes, clase trabajadora explotada de barrios neoyorquinos como Queens o el sur de Brooklyn en los años 70 conviven con padres desempleados, camellos, racismo, familias de las que huir. Son gente de verdad, que habla como la verdadera clase trabajadora norteamericana, igual que los personajes de las películas de Martin Scorsese. No hay rutas turísticas donde viven. El guion surgió de un excelente artículo sobre las discotecas de las zonas obreras. El protagonista, Toni Manero, está en la parte opuesta del universo de los personajes de los años 70 de Woody Allen, aunque todos vivan en la misma ciudad. No suena Gershwin, se oye Disco Inferno. Toni, que tiene 19 años y se siente muy mayor, habla con Stephanie Mangano, su pareja de baile para un concurso, de la construcción de un puente perfecto y fabuloso, un puente que une dos planetas (los barrios pobres y Manhattan), llora explicando apasionadamente cada detalle del puente Verrazano, donde verá morir a su mejor amigo. La popular discoteca de la película, el Club 2001 de Brooklyn, cambió de nombre para ser un famoso club gay. Cuando lo derribaron, hubo manifestaciones de protesta durante días.

*Paloma Aznar se hizo conocida a finales de los 80 con sus crónicas nocturnas de Madrid, bajo el seudónimo de Vampirella. Experta en Palestina, corresponsal durante la guerra de Iraq. en su Instagram se define como Escritora, Guionista, Cineasta, Reportera, Master en Sexología.

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